Sunday, February 18, 2007

Wednesday, July 12, 2006



Decir que los gringos nos invaden con cintas adolescentes sobre quarterbacks, cheerleaders y nerds no es descubrir la pólvora. Muchas de ellas son unos verdaderos bodrios, pero entre tanto barro, de pronto sale una pepita de oro, como “Can’t Hardly Wait” y “Mean girls”.

Una de estas excepciones es “The Girl Next door” cinta sobre un estudiante que más que un imbécil nerd, es un tipo que se dedicó a hacer lo que debía hacer: estudiar. Nada de Club de Matemáticas o de Ajedrez. Y su objetivo es llegar a la Universidad de Georgetown, Washington DC, y ser presidente. Todo becado, por supuesto.

De pronto, conoce a una estrella porno en busca de una vida normal.

La premisa inicial es lo suficientemente clara como para entender el desarrollo de la cinta. Se conocen, el se la quiere tirar, ella se enoja, el la busca, sufre la Odisea del siglo, y la recupera. Se casan y toda esa faramalla. Pero el peak de esta cinta va por otro lado, siendo los interesantes detalles artísticos y de producción los que le dan un toque mágico a este metraje.

Punto uno, los actores. Emile Hirsch, como el joven, Eliza Cuthbert como la pornstar y Timothy Olyphant como el productor de películas xxx, los que se suman al par de amigos del jovencito de la película, uno con problemas de aurtoestima, y el otro con demasiada. El ensamble es casi perfecto, y todos son queribles, desde el jovencito de la película hasta el idiota más popular del colegio.

Punto dos, la historia. No en su desarrollo, sino en su premisa. Teniendo la industria pornográfica un alcance similar al del fútbol, al menos en el mundo occidental, es fácil tomar elementos de esta mezcla social, la del suburbio con Las Vegas, y mezclarla en una licuadora para que todos, desde Chile hasta Londres, se conecten con los personajes.

Y punto tres, el espacio para la experimentación. De cuando en cuando, aparece una secuencia musical, con un objetivo mas allá de la información pura y dura, en especial la final, la del futuro de todos los involucrados, con “Baba O’Reilly”, de The Who, de fondo.

El resto, sorpresa. La idea es que la vean. la estan dando en el cable. E igual vale la pena arrendarla, si es que arriendan.

Wednesday, May 03, 2006

Como buenos cuentos, las películas suelen basar su éxito o fracaso en que tan buen narrador es el narrador. Dicho elemento es clave, aunque muchos pasen por arriba de éste cuando el arte, la historia y Buñuel se les sube a la cabeza.

Dicho esto, podemos entender sin problemas lo increíble que es ver “Los Increíbles” una y otra vez, y analizar la forma en que los narradores se enfocaron, en términos literarios, en los problemas básicos de la vida familiar.

La frustración de sus miembros al no ver realizados sus sueños básicos, como ser quien diablos eres. La responsabilidad de los padres a la hora de fomentar las confianzas básicas de sus hijos. La decisión de una madre entre seguir sus instintos naturales y los de su prole, con el riesgo que contrae, o ser madre y proteger el sagrado círculo familiar. La frustración de que, por su propio bien, tu hijo menor no puede ser quien puede ser. Y, finalmente, la explosión que genera romper los esquemas en un mundo gris y cuadrado, que lo único que ruega es un tajo en el perfecto tapiz pintado al óleo.

Cuando se tiene una historia tan perfecta, un guión trabajado y un esquema claro y preciso, los restantes elementos de la ecuación, esto es animación, voces, edición, producción y el largo etcétera, sólo deben unirse para adornar la historia. Y tal como los antiguos narradores usaban entonaciones de voz, los de hoy sólo se adecuan a los nuevos medios, y no al revés.


Esto se puede apreciar en la decisión de utilizar esa gráfica animada, similar al Superman caricaturesco de los años 50, que rodea la perfección de la época. Esta vez, el discurso idealista de los dibujos contrasta con la historia, rupturista en su entorno cinematográfico, pero en pos de unos personajes tan normales como el que más, aunque con potencialidades que, guardando las diferencias, nos asemejan a ellos, a su futuro y a su pasado, la ya famosa tríada ¿quién era, quien debía ser y quien debo ser?


“Los Increíbles”, fuera de su humor tan acertado, como suelen hacerlo en Hollywood, lleva mensajes ocultos que no hablan del diablo ni de Coca Cola, sino de ser quien eres, a veces superhéroes, a veces un maloso, o a veces, simplemente, ser madre, esposo, hijo, hija, tio, sobrino, pololo, conocido, etc. Y cuando finalmente averiguas eso, puedes ser increíble.

Monday, April 17, 2006


Cuando uno es fanático del cine y la música, tiene el deber de respetar a un director que gasta un cuarto del presupuesto fílmico para asegurar los derechos de canciones como “Low Rider” de War, “Paranoid” de Black Sabbath, y “Show Ride”, de Foghat, entre otros clásicos, todo para contextualizar una cinta sin pretenciones sobre un puñado de colegiales en el último día de clases del año 1976, en un pueblo perdido de Estados Unidos.

Esto fue lo que hizo Richard Linklater cuando decidió rodar “Dazed and Confused”, tomando en consideración la importancia de la música a la hora de entregar sensaciones mientras se narra una historia entre tantas, tan similares como disímiles entre sí. Y aunque Linklater recorre todos los clichés provenientes del cine adolescente de Estados Unidos, logra tocar la tecla que conecta a todos quienes ven esta cinta sin transformarse en cursilería.



Además de lo anterior, el también director de “Before Sunrise” reúne a un puñado de actores conocidísimos encarnando a personajes de notables guiños caricaturescos. A saber: Matthew McConaughey, Ben Affleck, Adam Goldberg, Jason London, Cole Hauser, Milla Jojovich, Joey Lauren Adams, la exquisita Parker Posey, y otros más under, dando a entender que el director de casting tuvo un ojo asombroso a la hora de entregar papeles.

Sin embargo, además de un soundtrack, increíble y un casting de pelos, es notable la forma en que Linklater logra llevarnos a un lugar tan ajeno y lejano a nuestra idiosincrasia, contextualizarnos en el día, los modos y la música de la época, lo que nos permite conectarnos con tipos que bien podrían ser amigos o enemigos nuestros, aunque sólo hablan un idioma distinto.


Pero lo extraño es que los roles, si bien son definidos en base a la ya aburrida casta del College gringo, que incluyen a la perra, la mas popular, el abusador, el cool, el quarterback, etc, de alguna forme logran llegar a ser tipos cercanos. Quizás por el sentimiento pueblerino, quizás por la buena actuación o, simplemente, quizás por la marihuana.

Sea lo que sea, dan ganas de esta allá.

Sunday, April 09, 2006

Cuando Irreversible se estrenó, tanto en Chile como en otros países, fue promocionada profusamente como una “cinta violenta”. Se sabe que en sus primeros minutos, el ruido agregado tuvo una frecuencia de 28hz., casi inaudible, y que provoca mareos, vómitos y vértigo, causando el que muchas personas salieran del cine durante el lapso inicial. Esa reacción fue utilizada de manera publicitaria en el DVD del filme, que aplaude el hecho de que, de los dos mil 400 asistentes en el Festival de Cannes, 200 salieron del cine.

Independiente de si creemos que dicha decisión auditiva haya sido reprobable o no, lo cierto es que la carrera del director galo Gaspar Noe ha estado marcada por la violencia en sus cintas. Ya en “Solo contra todos” vemos la continuación en la vida de un carnicero casi sin alma, con mala suerte y olvidado por la decencia, y donde unas cuantas escenas son realmente grotescas. Pero, tras revisar un par de veces Irreversible, descartando las referencias a Kubrick, hay un elemento clave.

Dejando el lado el tipo de edición que existe en la cinta, y a diferencia de Tarantino, que trata de tapar vacíos literarios y de guión, Noe juega con la dualidad de la violencia, tanto física como psicológica. La mentada escena de la violación en el subterráneo, en términos gráficos, no es más ruda que la paliza en el bar gay, con el extintor golpeando repetidamente la cara del violador. Pero, claramente, utilizando los conceptos sacros en la mujer, una violación es psicológicamente más “invasiva” que una golpiza entre dos tipos.

En “Seúl contre touts” ocurre algo similar. Existen dos escenas violentas claves en el filme, una donde el carnicero le pega en el estomago de su embarazada mujer, y la otra donde el mentado protagonista se acuesta con su hija (no la del vientre magullado), ésta última con una advertencia previa de que verás los 20 minutos más rudos del séptimo arte.
La dicotomía entre violencia psicológica y gráfica es patente en la obra de Noe. Pero en Irreversible la diferencia radica específicamente en la exagerada publicidad sobre la escena de la violación. Lo anterior generó enfoque en dicha imagen, extensa y ruda en si misma, dejando de lado el resto de un filme muy bueno, que habla sobre el tiempo, el paso del mismo, y las consecuencias de los actos que tenemos en inocencia, mientras descubrimos lo peor de nosotros.