Wednesday, May 03, 2006

Como buenos cuentos, las películas suelen basar su éxito o fracaso en que tan buen narrador es el narrador. Dicho elemento es clave, aunque muchos pasen por arriba de éste cuando el arte, la historia y Buñuel se les sube a la cabeza.

Dicho esto, podemos entender sin problemas lo increíble que es ver “Los Increíbles” una y otra vez, y analizar la forma en que los narradores se enfocaron, en términos literarios, en los problemas básicos de la vida familiar.

La frustración de sus miembros al no ver realizados sus sueños básicos, como ser quien diablos eres. La responsabilidad de los padres a la hora de fomentar las confianzas básicas de sus hijos. La decisión de una madre entre seguir sus instintos naturales y los de su prole, con el riesgo que contrae, o ser madre y proteger el sagrado círculo familiar. La frustración de que, por su propio bien, tu hijo menor no puede ser quien puede ser. Y, finalmente, la explosión que genera romper los esquemas en un mundo gris y cuadrado, que lo único que ruega es un tajo en el perfecto tapiz pintado al óleo.

Cuando se tiene una historia tan perfecta, un guión trabajado y un esquema claro y preciso, los restantes elementos de la ecuación, esto es animación, voces, edición, producción y el largo etcétera, sólo deben unirse para adornar la historia. Y tal como los antiguos narradores usaban entonaciones de voz, los de hoy sólo se adecuan a los nuevos medios, y no al revés.


Esto se puede apreciar en la decisión de utilizar esa gráfica animada, similar al Superman caricaturesco de los años 50, que rodea la perfección de la época. Esta vez, el discurso idealista de los dibujos contrasta con la historia, rupturista en su entorno cinematográfico, pero en pos de unos personajes tan normales como el que más, aunque con potencialidades que, guardando las diferencias, nos asemejan a ellos, a su futuro y a su pasado, la ya famosa tríada ¿quién era, quien debía ser y quien debo ser?


“Los Increíbles”, fuera de su humor tan acertado, como suelen hacerlo en Hollywood, lleva mensajes ocultos que no hablan del diablo ni de Coca Cola, sino de ser quien eres, a veces superhéroes, a veces un maloso, o a veces, simplemente, ser madre, esposo, hijo, hija, tio, sobrino, pololo, conocido, etc. Y cuando finalmente averiguas eso, puedes ser increíble.

1 Comments:

At 10:35 AM, Blogger Kathy_C said...

De Los Increíbles me quedo con lo que versa este posteo y con algunas muy lúcidas notas de humor. Digo, la película hace reir mucho -sobretodo a los niños que es para quienes está creada- pero hay algunas particularidades que recuerdo con gracia.

Entre ellas, las sugerencias que hace Mr. Increíble a la señora que sufrió un accidente para que obtenga todo el provecho de la póliza de seguros (cumpliendo así con su labor de super héroe, aún sin capa) y la demanda que interpone un suicida porque el mismo Mr. Increíble le salvó la vida. "Yo quería morirme y él me salvó."

Notable.

Buen blog.

Saludos.

 

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