Monday, April 17, 2006


Cuando uno es fanático del cine y la música, tiene el deber de respetar a un director que gasta un cuarto del presupuesto fílmico para asegurar los derechos de canciones como “Low Rider” de War, “Paranoid” de Black Sabbath, y “Show Ride”, de Foghat, entre otros clásicos, todo para contextualizar una cinta sin pretenciones sobre un puñado de colegiales en el último día de clases del año 1976, en un pueblo perdido de Estados Unidos.

Esto fue lo que hizo Richard Linklater cuando decidió rodar “Dazed and Confused”, tomando en consideración la importancia de la música a la hora de entregar sensaciones mientras se narra una historia entre tantas, tan similares como disímiles entre sí. Y aunque Linklater recorre todos los clichés provenientes del cine adolescente de Estados Unidos, logra tocar la tecla que conecta a todos quienes ven esta cinta sin transformarse en cursilería.



Además de lo anterior, el también director de “Before Sunrise” reúne a un puñado de actores conocidísimos encarnando a personajes de notables guiños caricaturescos. A saber: Matthew McConaughey, Ben Affleck, Adam Goldberg, Jason London, Cole Hauser, Milla Jojovich, Joey Lauren Adams, la exquisita Parker Posey, y otros más under, dando a entender que el director de casting tuvo un ojo asombroso a la hora de entregar papeles.

Sin embargo, además de un soundtrack, increíble y un casting de pelos, es notable la forma en que Linklater logra llevarnos a un lugar tan ajeno y lejano a nuestra idiosincrasia, contextualizarnos en el día, los modos y la música de la época, lo que nos permite conectarnos con tipos que bien podrían ser amigos o enemigos nuestros, aunque sólo hablan un idioma distinto.


Pero lo extraño es que los roles, si bien son definidos en base a la ya aburrida casta del College gringo, que incluyen a la perra, la mas popular, el abusador, el cool, el quarterback, etc, de alguna forme logran llegar a ser tipos cercanos. Quizás por el sentimiento pueblerino, quizás por la buena actuación o, simplemente, quizás por la marihuana.

Sea lo que sea, dan ganas de esta allá.

Sunday, April 09, 2006

Cuando Irreversible se estrenó, tanto en Chile como en otros países, fue promocionada profusamente como una “cinta violenta”. Se sabe que en sus primeros minutos, el ruido agregado tuvo una frecuencia de 28hz., casi inaudible, y que provoca mareos, vómitos y vértigo, causando el que muchas personas salieran del cine durante el lapso inicial. Esa reacción fue utilizada de manera publicitaria en el DVD del filme, que aplaude el hecho de que, de los dos mil 400 asistentes en el Festival de Cannes, 200 salieron del cine.

Independiente de si creemos que dicha decisión auditiva haya sido reprobable o no, lo cierto es que la carrera del director galo Gaspar Noe ha estado marcada por la violencia en sus cintas. Ya en “Solo contra todos” vemos la continuación en la vida de un carnicero casi sin alma, con mala suerte y olvidado por la decencia, y donde unas cuantas escenas son realmente grotescas. Pero, tras revisar un par de veces Irreversible, descartando las referencias a Kubrick, hay un elemento clave.

Dejando el lado el tipo de edición que existe en la cinta, y a diferencia de Tarantino, que trata de tapar vacíos literarios y de guión, Noe juega con la dualidad de la violencia, tanto física como psicológica. La mentada escena de la violación en el subterráneo, en términos gráficos, no es más ruda que la paliza en el bar gay, con el extintor golpeando repetidamente la cara del violador. Pero, claramente, utilizando los conceptos sacros en la mujer, una violación es psicológicamente más “invasiva” que una golpiza entre dos tipos.

En “Seúl contre touts” ocurre algo similar. Existen dos escenas violentas claves en el filme, una donde el carnicero le pega en el estomago de su embarazada mujer, y la otra donde el mentado protagonista se acuesta con su hija (no la del vientre magullado), ésta última con una advertencia previa de que verás los 20 minutos más rudos del séptimo arte.
La dicotomía entre violencia psicológica y gráfica es patente en la obra de Noe. Pero en Irreversible la diferencia radica específicamente en la exagerada publicidad sobre la escena de la violación. Lo anterior generó enfoque en dicha imagen, extensa y ruda en si misma, dejando de lado el resto de un filme muy bueno, que habla sobre el tiempo, el paso del mismo, y las consecuencias de los actos que tenemos en inocencia, mientras descubrimos lo peor de nosotros.